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MINLUZNACIONES
Boletín Internacional
LOS MUCHOS Y LA LLAMADA FINAL*

LOS MUCHOS Y LA LLAMADA FINAL


El que da testimonio de estas cosas dice:
Ciertamente vengo en breve.
Amén; sí, ven, Señor Jesús.
(Apocalipsis 22:20)


Vendré sobre vosotros, hijos Míos e hijas Mías, Mis obedientes. Vendré en el poder de Mi presencia, y donde Yo estoy, ahí está Mi gloria, Mi presencia. Del mismo modo que Yo he estado en vosotros y vosotros en Mí, ahora Yo mismo Me manifestaré a vosotros más completamente.

He visitado lugares claves en años recientes, pero estoy a punto de cambiar lugares por personas. No me limitaré a sobrevolar lugares, porque los hombres veneran los lugares. En su lugar, sobrevolaré sobre los sin nombre, los sin rostro que llevan Mi gloria dondequiera que van. Irán donde Yo diga. Como era en un principio así será al final. Yo tendré hijos e hijas que llevan Mi imagen, que se asemejan a Mí, el Hijo modelo, que reflejan Mi gloria, la gloria del Padre. Yo he sido glorificado por el Padre y estoy siendo glorificado en vosotros (Juan 13:31, 17:10).

Ahora bien, escuchad esto, todos los que buscáis Mi rostro, todos los que deseáis ir todo el trayecto conmigo. El llamado sale de Mí, aún en esta carta a vosotros. Yo os llamo, os invito a sentaros conmigo en Mi mesa, porque las bodas del Cordero y de Su esposa están a punto.

Os he asemejado a vosotros y a Mi reino con diez de vosotros, vírgenes que tomasteis vuestros candeleros y salisteis a Mi encuentro, al encuentro del Esposo (Mat. 25). Cinco fuisteis sabios y cinco imprudentes. Diez es el número de la medida de la responsabilidad humana. Tuvisteis una responsabilidad además de la oportunidad de responder a Mi llamado a obedecerme, dejándome guiaros por el camino hacia arriba. Por tanto, envíe Mi Espíritu Santo, para que pudierais ser guiados por Él. Donde Yo voy, Él va. Si alguno desea seguirme, debe obedecer la dirección de Mi Espíritu Santo en todas las cosas. Los que son guiados por Mi Espíritu son mis verdaderos hijos (Rom. 8:14).

Diez entre dos es igual a cinco. El cinco es el número de la gracia. Yo extiendo el llamado y doy la gracia para responder al mismo. Tenéis la “respons-abilidad” (1) de escuchar Mi llamado porque Mi gracia es suficiente (2ª Cor. 12:9). Nunca violaré vuestra voluntad. Por tanto, un total de cinco de entre vosotros frustrasteis Mi gracia y no os preparasteis para ir conmigo hasta el final.


Dos el número del testimonio y de la colectividad. Vosotros sois Mis testigos en el mundo. Haré una gran diferencia entre vosotros y el mundo. Los hombres os buscarán, verán la gloria que Yo he manifestado sobre vosotros y sabrán que Yo soy real, que Yo soy Dios. Nunca más seré buscado por el poder del intelecto humano, sino por la manifestación de Mi poder y de Mi Espíritu (Zac. 4:6). No seré conocido por vuestro discurso y por medio de predicación persuasiva de sabiduría humana, sino en demostración de Mi Espíritu y poder, para que la fe de otros no se fundamente en la sabiduría de los hombres sino en Mi poder (1ª Cor. 2:4-5). Del mismo modo que diez se divide por dos, así separaré entre los hijos de los hombres y Mis hijos de gloria, entre los fieles y los infieles, los desobedientes y los obedientes.

Cinco de vosotros fuisteis necios porque no tomasteis aceite con vosotros. Tuvisteis candeleros con mechas más que suficientes para todo el camino, pero ignorasteis Mi palabra de ser llenos con Mi Espíritu para poder tener el poder de Mi Señorío en vuestra vida. Tratasteis de encender vuestras  propias lámparas con vuestra sabiduría, doctrinas y dirección patética. Tratasteis de perfeccionaros a vosotros mismos por vuestras propias leyes, normas y reglas.

No obstante ello, cinco fuisteis sabios porque tomasteis aceite para vuestros candeleros. El aceite es un tipo de Mi Espíritu Santo. Sin el aceite de Mi Espíritu no tenéis luz en vosotros, no tenéis unción sobre vosotros. Debéis oír Mi Palabra y llenar el candelero de vuestras vidas con el precioso aceite de Mi Espíritu Santo.
Yo os he dado a todos tiempo suficiente para comprar este aceite para vosotros. Mucho os estáis cansando de esperar en Mí. Pensasteis que vendría a la puesta del sol, al comienzo de un nuevo día. ¡No! Así fue en mi sepultura, un tiempo de llanto. Yo me retrasé. Del mismo modo que Me retrasé al ir a Lázaro después de haber estado muerto y sepultado por tres días (Juan 11:1-44), del mismo modo Yo Me retraso en las horas tempranas de la noche. Muchos no estáis vigilando, sino que os habéis cansado en la espera. Como Pedro después de Mi resurrección, que decidió irse de pesca. (Juan 21:3).

Después, en la media noche, cuando toda la esperanza se había secado de los espíritus de las vírgenes insensatas, se oyó Mi clamor. “Viene el Esposo. Salid a Su encuentro.” (Mat. 26:6).
Todos os levantasteis y preparasteis vuestros candeleros. Los que no comprasteis para vosotros el bautismo extra de Mi Espíritu, os encontrasteis faltos. Esperasteis que otros os dieran lo que tenían.Pero no podían. Su unción había sido atravesada por obediencias pasadas.

Las cinco vírgenes sabias Me habían buscado temprano. Deseaban conocer Mi voluntad y caminar fielmente en Mi camino y en Mi palabra. Cultivaron la obediencia. Practicaron Mi obediencia en lo poco de modo que ahora tenían el aceite de la fidelidad para lo mucho.

Mi Espíritu Santo os ha sido dado para que testifiquéis de Mí (Juan 15:26); para convencer al mundo de pecado, justicia y juicio (Juan 16:8). Para guiaros a toda la verdad (Juan 16:13); para glorificarme (Juan 16:14) y para daros la capacidad para ser Mis testigos en todo el mundo. (Hechos 1:8). Él es el aceite necesario en Mi candelero. Compráis aceite mediante el sacrificio de vuestra propia voluntad, y caminos, poniendo vuestras vidas a cambio de una vida de obediencia a Mí.

Creedme cuando os digo que vienen tiempos de gran oscuridad sobre la tierra en breve. Será la medianoche de vuestras vidas. Muchos que Me habéis buscado a través de visiones y doctrinas falsas perderéis vuestra fe y os tambaleareis. Pero no necesitáis hacer eso. Comenzad ahora a buscarme con un corazón íntegro, abandonarlo todo en vuestro corazón, estad en silencio delante de Mí, aprended a escuchar Mi voz, practicad la obediencia. Dejadme que os entrene por medio del ejercicio para aprender a obedecerme. La obediencia es la marca de la condición de verdaderos hijos.

Mi aceite es Mi Espíritu Santo. Mi candelero es vuestro templo, porque vosotros sois templos del Espíritu Santo. Vuestro espíritu es la mecha y Yo soy la luz del mundo. Vosotros también sois luminares. No esperéis a oír Mi clamor para intentar comprar de otros el aceite de la obediencia. Tendréis que ir atrás para conseguirlo; es decir, practicad la obediencia a Mi Espíritu Santo. Mientras estáis fuera, habré venido y los que estaban listos entrarán a Mis bodas conmigo y la puerta se cerrará detrás de Mí.

Volveréis después, llamaréis y clamaréis. “Señor, Señor, ábrenos”. Yo diré, “No os conozco. Me llamáis Señor, pero no Me obedecéis. ¿Cómo podría entonces ser vuestro Señor? Yo soy el Señor de los que Me obedecen fielmente”.

Vigilad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora cuando Yo, el Hijo del Hombre, venga.” (Mat. 25:10-13).

Yo estoy llevando a muchos hijos a la gloria (Heb. 2:10). Son los que son fieles y verdaderos, hijos obedientes del Dios viviente. Son sobre los que Yo derramaré Mi Espíritu, Mi presencia, Mi gloria. Mi gloria no vendrá y se marchará, sino que vendrá y permanecerá en ellos. Yo seré su pilar de fuego de noche y su nube de día. Les alimentaré con maná diariamente. Plantaré Mi pacto firmemente dentro del arca de sus vidas. Me conocerán desde el amanecer hasta la puesta del sol. Los esparciré hasta las esquinas de la tierra por el viento de Mi Espíritu Santo. Ellos serán Yo cuando Yo salga, revelando Mi gloria a todos los hombres por todas partes. Yo soy y siempre seré la presencia en medio de ellos.

Son los Melquisedecs que no tienen comienzo ni fin, ni geología aparte de Mí. Ofrecen el pan y el vino de Mi vida sacrificada (Heb. 7:1-3; Gén. 14:18). Ellos también vivirán la cruz de Cristo. Yo soy la porción de ellos, su provisión. Son Mi presencia en medio de vosotros.

Comed, bebed y sed satisfechos porque Yo soy el Pan de vida (Juan 6:35,48), y el agua de vida. Si alguno bebe de Mí, nunca jamás volverá a tener sed (Juan 4:14).

Lo único que quiero es habitar Mi pueblo y ser vuestra morada. Quiero ser vuestra habitación. Quiero amaros, alimentaros, nutriros, consolaros, fortaleceros, sanaros y llevaros a Mi santidad. Quiero deleitarme en vosotros, gozarme con vosotros, danzar y cenar con vosotros y vosotros conmigo.

Muchos entre Mi pueblo, incluso aquellos que Yo he llamado, son tercos y obstinados. Quieren tener comunión en sus propios caminos egoístas más que en los Míos. Miradlos. Mirad a aquellos que han envejecido en su rechazo a Mí. No hay vida en sus rostros, no hay luz en sus ojos. Han dejado de permanecer en Mí y han escogido permanecer en ellos mismos. Su propio rechazo de Mí ha hecho que sus corazones se vuelvan de piedra. Tienen rostros de piedra, esculpidos por el engaño de sus propios corazones. Yo los he rechazado ahora porque ellos Me han rechazado a Mí. Han endurecido de tal modo sus corazones en contra de Mí que no queda lugar para el arrepentimiento en ellos.

Por tanto, por el poder de Mi ira, he apartado Mi mano de ellos y estoy causando que vengan sobre ellos Mis grandes juicios. Mi ira es revelada desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que retienen la verdad en injusticia, porque aquello que puede ser conocido de Mí, es revelado en ellos, porque Yo se lo he mostrado (Rom. 1:19). Mis juicios son justos.

Vosotros en vuestro corazón carnal preguntáis: “¿Qué clase de Dios es ese?” Yo soy un Dios de amor. Yo ya he derramado Mi gran e insondable amor hacia todos vosotros. Muchos Me habéis rechazado. No he sido Yo quién os rechazó. Sin embargo, al rechazarme, habéis hecho que brote Mi ira. Negasteis Mi gran sacrificio de amor hacia vosotros.

Yo morí por vosotros para que pudierais vivir, para que pudierais tener Mi clase de vida. Muchos de vosotros escogisteis la muerte. La muerte es la ausencia de Mi vida. Donde está Mi vida hay paz y gozo.
Dónde está ausente Mi vida, hay muerte y destrucción.

Vosotros que habéis rechazado el precioso mimo de Mi Espíritu Santo, Me habéis rechazado a Mí. Una vez tras otra, Yo os mostré Mi misericordia hacia vosotros por vuestros pecados. Yo pasé por alto vuestra obstinación. Yo os atraje para que vinierais hacia Mí, para que Me amarais, para que moraseis conmigo y Me dejaseis morar con vosotros. Yo soy un Dios paciente, resignado. Estoy lleno de gracia, misericordia y benignidad hacia vosotros.

Vosotros no sois mejores que Mis escogidos, Israel. Yo seguí enviando a Mis profetas para llamar a Israel a salir de sus caminos idólatras, porque cometía fornicación espiritual en Mi propia casa, en Mi templo, el lugar de Mi presencia en medio de ellos. Pero ellos no se arrepentían. A su tiempo, en la consumación del tiempo, Yo la rechazaba. Me divorcié de ella y la exilié con sus amantes Asirios (Jer. 3:8). Si, Yo os digo, vosotros no sois mejores que ella.

De nuevo hoy es la consumación del tiempo. Estáis llegando al final de una era. Ahora es la hora de vuestra salvación. Escogedme este día porque la noche viene rápidamente. El llamado se extinguirá, los trompetistas no tocarán más. Vuestra redención está cerca de vosotros ahora. Escuchad a Mi Espíritu Santo. Escuchad a Mi profeta. Renunciad a vuestros caminos obstinados. Abandonad todo aquello que os haga apartaros de Mí en vuestros corazones. Este es vuestro llamado final.


Oh, cómo deseo una vez más extender Mis alas sobre vosotros, acurrucaros en Mi pecho, pero muchos de vosotros, en vuestra rebelión, os movéis alejándoos de Mis brazos y apresurándoos a hacer vuestra propia cosa.
Este tiempo, amados Míos, Me he propuesto soltar a aquellos de vosotros que no os arrepentís. Habéis escogido vuestro propio camino, pero no es Mi camino (Rom. 1:28-32). Mirad, Yo soy Mi camino. Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre si no es por Mí (Juan 14:6).
Venid a Mí en fidelidad y confianza. Permaneced en Mí y dejadme permanecer en vosotros. Nada deseo más que ser la Presencia en medio de vosotros, cenar con vosotros, beber la copa de bendición con vosotros. Venid, amados Míos. Venid rápido, venid ahora. No miréis atrás. No améis al mundo ni las cosas que hay en el mundo. Si amáis al mundo y las cosas del mundo, esas cosas serán vuestro Dios. Os poseerán mucho más de lo que vosotros las poseéis a ellas.

¿Podéis? ¿Estáis dispuestos?¿Abandonaréis estas cosas en vuestro corazón y correréis hacía Mí con corazón íntegro? ¿Me dejaréis lavaros tan blanco como la nieve, vestiros de lino fino, llevaros a Mi aposento como Mi esposa, sentaros a la cabecera de la mesa de Mi banquete conmigo? ¿Sentís Mi corazón? ¿Mi amor? ¿Mi compasión? Cuánto mayor es Mi amor por vosotros, mayor es la ira que se provoca en Mi interior hacia aquellos que desafían y rechazan Mi advertencia.

Este es el acto final. La cortina se está cerrando. Los votos están teniendo lugar. ¿Ante quién te inclinarás, ante el yo, o ante Mí, el Señor Dios Altísimo, creador del Cielo y de la Tierra?
¡Venid!
¡Venid deprisa!
¡Venid ahora!
Dejad que Yo sea la presencia en medio de vosotros.
¿Qué cantidad de Mi presencia anheláis? ¿Treinta por ciento, sesenta por ciento, o ciento por ciento?
(Mat. 13:8). Es vuestra elección.

Os invito a venir a la plenitud que es Mía, a habitar conmigo.
Hay tres atrios en Mi tabernáculo. El atrio externo, el lugar Santo y el Lugar Santísimo. Debéis entrar por el atrio exterior para llegar al Lugar Santo, y debéis entrar al Lugar Santo antes de poder entrar en el Lugar Santísimo. Os invito a entrar al Lugar Santísimo, a la plenitud de Mi Mismo.
Cuando entráis en el atrio exterior, venís a Mi Pascua. Venís a Mi crucifixión—la cruz—en la que di Mi
vida y derramé sangre, entregué Mi cuerpo para que pudierais tener vida eterna.

¡Venid! Bebed de esta copa. Comed Mi cuerpo. Bebed Mi sangre. Naced de nuevo. Levantaos a la nueva vida y subid a lo alto. Sentaos en los lugares celestiales conmigo. Ese es vuestro destino, estar conmigo y Yo con vosotros. Venid, preciosos Míos. Venid más de cerca y más por completo.
Venid a Mi Lugar Santo, Mi lugar de intercesión, Mi lugar de altas alabanzas. Venid a Mi Pentecostés.
Dejadme que os sumerja en Mi precioso Espíritu Santo y que os pueda investir con dones y con el poder de Mi señorío para que podáis ser para la alabanza de Mi gloria, Mi presencia, para que el mundo os conozca y os vea, y que al conoceros y veros, lleguen a conocerme a Mí y a verme a Mí. Verán que habéis estado conmigo. Verán que estáis conmigo y que Yo estoy con vosotros. Yo soy la presencia en medio de vosotros. ¡Venid! Dejadme sumergiros en Mi Espíritu.

Acercaos aún más, santos Míos, preciosos Míos. Venid al Lugar Santísimo, al Lugar más santo de todos— a ese lugar en el Espíritu en el que Yo soy lo único que importa, en el que tenéis una revelación completa de quién Yo soy en vosotros, a través de vosotros y en medio de vosotros.

Venid a Mi fiesta de los Tabernáculos, morad conmigo en la plenitud de Mi Espíritu.
Dejadme que os lleve de la mano y os dirija al atrio exterior de la Pascua, hacia el Lugar Santo de Pentecostés después y finalmente a la intimidad de Lugar Santísimo de Tabernáculos.
Dejadme ser vuestra gloria. Dejadme que os llene con Mi gloria. Los que os conformáis con permanecer en el atrio exterior tenéis Mi vida, Mi Espíritu, MI gracia y Mi misericordia, pero solo en una medida del treinta por ciento de MI plenitud. Yo deseo más para vosotros.

Los que llegáis al Pentecostés del Lugar Santo y escogéis acampar ahí y no avanzar conmigo, tenéis Mi Espíritu. Tenéis muchas riquezas, tenéis revelación y tenéis conocimiento, pero sólo podéis disponer de una medida del sesenta por ciento de Mi plenitud. Y Yo deseo más para vosotros.

Los que escojáis permanecer en el atrio exterior de la Pascua o en el Lugar Santo de Pentecostés y no tenéis hambre y sed por avanzar hacia el Lugar Santísimo de Tabernáculos, descubriréis que vuestro aceite será tímido al sonar de Mi trompeta. Descubriréis que los afanes de este mundo os llevarán fácilmente de vuelta a Egipto, de donde salisteis. Ese no es Mi deseo para vosotros.

Yo anhelo plenitud de gozo en vuestra presencia. Yo anhelo que vengáis por completo a Mi presencia para que podáis disfrutar la plenitud de Mi presencia, Mi gozo, Mi amor, Mi misericordia y Mi bondad hacia vosotros.

Siempre hay otro paso que podréis tomar, un caminar más profundo conmigo. Es vuestro. Yo soy vuestro. Yo soy vuestro ciento por ciento si Me deseáis, si Me anheláis, si Me queréis del mismo modo que el ciervo brama por las aguas (Salmos 42:1).


¿No oyes la trompeta sonando en tu corazón, llamando de un abismo a otro?

Pero tú dices, “Señor, me temo que nunca antes había pasado por este camino.” Te digo, fija tus ojos en Mí. Mira y observa que Mi mano está extendida hacia ti como lo estaba hacia Pedro cuando—en su euforia al venir hacia Mí para estar conmigo, y dejarme ser la presencia en medio de él—saltó de la barca y comenzó a caminar sobre las aguas en dirección a Mí (Mat. 14:25-32).


Si, el agua era profunda, pero Yo estaba con él. Yo le ayudé a pasar por todo esto. Incluso cuando comenzó a hundirse en un momento de temor, duda e incredulidad, Yo le levanté. Yo le ayudé en todo esto, no sobre el fundamento de su fe, sino sobre el fundamento de la Mía.

Lo mismo sucede contigo, amado Mío. Toma Mi mano y déjame que te lleve de gloria en gloria, de fe en fe, de lo profundo a lo profundo, a la plenitud en Mí mismo.

QUE SEA DIOS QUIEN SIEMPRE NOS GUIE Y NOS EDIFIQUE EN SU VERDAD Y EN SU AMOR.
 

Dios te bendiga,

 

Jenny y Hugo G.
Bajo la Cobertura de JESUCRISTO a través de la I.R. JESUCRISTO REY DE REYES
Bogotá - Colombia

Bibliografía:
- BIBLIA Reina Valera 1960. 
- *. Transcrito de Su Presencia en Medio de ti. Charles Elliot Newbold Jr.

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