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MINLUZNACIONES
Boletín Internacional
NO AMÉIS AL MUNDO

NO AMÉIS AL MUNDO


No améis al mundo
ni las cosas que hay en el mundo.
Si alguno ama al mundo,
el amor del Padre no está en él.
Porque todo lo que hay en el mundo: la codicia de la carne, la codicia de los ojos, y la soberbia de la vida, no viene del Padre, sino del mundo.
Y el mundo está pasando, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
(1Juan 2:15-17)


¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?
Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios
(Santiago 4:4)


Examinemos varios términos descritos en la palabra de DIOS y en particular en esta orden indicada en 1 Juan:
El mundo no se refiere a la creación física, sino a la esfera del mal (el sistema), maldad, pecado y que funciona bajo el dominio de Satanás en el planeta: el mundo lo constituyen los deseos de la carne, deseos de los ojos y vanagloria de la vida.

Un alma adúltera es aquella que rompe sus promesas de amor y servicio a DIOS, para seguir a los ídolos y lo ofrecido por el mundo.


Codicia de la carne: Esto es, desenfreno por los deleites carnales. (la actividad propia del hombre interior)
Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,
idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,
envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.
(Gálatas 5:19-21)
Notemos que este deseo puede ser expresado tanto:
1) Sexualmente (fornicación, adulterio, libertinaje).
2) Socialmente (iras, contiendas, celos).

Codicia de los ojos: Es decir, el deseo vehemente e incontrolado de poseer todo lo que ven los ojos. (Materialismo, deseo ilegítimo por las cosas que podemos ver, lo que atrae a cada uno fuera de si)

Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;
cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia,
en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas
(Colosenses 3:7)

Soberbia de la vida: Esto es, la ostentación arrogante que produce la opulencia (orgullo, jactancia, es algo que lo vuelve insensible hacia los demás, y algo aborrecible para el Padre. Esto podría incluir la vanagloria basada sobre cosas tales como:
1) Edad
2) Experiencia
3) Linaje
4) Logros pasados
5) Dinero, posición, poder

Pues mirad, hermanos, vuestra vocación,
que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles;
sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte;
y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es,
a fin de que nadie se jacte en su presencia.
Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención;
para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor
(1Corintios 1:27)

Cada una de estas tres cosas con frecuencia golpean más duro en diferentes momentos de nuestra vida:
a. Los JÓVENES SON más frecuentemente afectado por los "deseos de la carne"
b. Los MADUROS son usualmente afligidos por los "deseos de los ojos"
c. Los ANCIANOS pueden ser probablemente afectados por la "vanagloria de la vida".
SI AMAMOS AL MUNDO, ¡NO PODEMOS AMAR LOS MANDAMIENTOS DE DIOS!
"El amor del Padre" significa "el amor por el Padre"

¿Qué es, pues, “el mundo”?. “El mundo”, en el sentido moral, es lo que el diablo elaboró después de la caída del hombre. El “mundo” comienza con Caín y su descendencia. ¿Qué vemos en Caín? Condenado a ser errante y fugitivo en la tierra, luchó para borrar esta sentencia, y construyó una ciudad; no contentos con vivir el uno por un lado y el otro por otro, él y sus descendientes sintieron la necesidad de unirse. «La unión hace la fuerza», dicen los hombres. Por otra parte, un hombre hábil maneja fácil y rápidamente las cosas para llegar hasta lo más alto; y muchos albergan la esperanza de subir estos escalones para llegar también algún día, de la manera que fuere o a cualquier costo. Dios y el pecado son rápidamente olvidados en estos esfuerzos.
Así también, Caín construyó una ciudad y la llamó conforme al nombre de su hijo. Se manifestaron el orgullo y la búsqueda de la satisfacción personal, como así también el deseo de agradar a los demás, sin tener ningún pensamiento respecto de Dios. De esta familia  nacieron las grandes invenciones (Génesis 4). Un hombre de un espíritu que no se halló en Abel, y ni siquiera en Set, quien es sustituido por Abel, pero que se manifestó abundantemente en Caín y su progenie.
Aquí comenzó la poesía de la sociedad, cuando Lamec escribió de forma agradable para sus mujeres; pues fue él mismo quien introdujo la poligamia, y justificó el homicidio en caso de defensa propia, lo que podríamos llamar un poema dedicado a los objetos de sus propios afectos. No era Dios sino sus mujeres lo que ocupaban sus pensamientos en relación con los acontecimientos que más bien debían de haberlo afligido. Lamec no sólo hizo una apología de la historia de Caín, sino que halló en ella un pretexto para justificar su propio caso. Allí encontramos también el origen de la orgullosa vida de los nómades, y de los más civilizados deleites de los instrumentos de viento y de cuerda. De modo que, desde temprano, “el mundo” ya estaba en plena actividad. ¿No es éste el carácter “del mundo”? Sin duda que muchas cosas convenientes que se hallan en el mundo pueden ser utilizadas por un cristiano. Pero esta sola mancha negra tiñe “al mundo”: la ausencia de un Cristo que, despreciado por el mundo, es tanto más amado por los suyos. Cíteme una sola cosa del mundo sobre la cual Cristo ponga su sello de aprobación. ¿Dónde se encuentra todo lo que Cristo apreciaba? ¿Dónde está aquello en lo que Él vivía y lo que Él amaba?
Todo lo que está fuera de Cristo es capaz de ser un objeto para el corazón del hombre caído; y eso es el mundo. Algunos emprenden el estudio de Ciencias, otros prefieren Literatura; otros se sienten inclinados por la política.
Desgraciadamente, ¡hasta es posible dedicarse a religión, a la obra y a la adoración del Señor, en un espíritu mundano, y de una manera egoísta, buscando o bien algún provecho para sí o fama con ello! y ¡de cuántas maneras los hombres buscan popularidad con estas cosas! Esto también es “el mundo”. El nombre del Señor tomado aparte de Su voluntad y de Su gloria no es ninguna salvaguardia. Algunos autores lo emplearon de esta manera: escribieron sobre asuntos relacionados con las Escrituras, pero ¿qué ganaron con ello? ya que aún permanecieron completamente sin Dios, y a menudo como enemigos declarados de Cristo.


Pues, ¿qué es el mundo? El mundo es el sistema que Satanás implantó en medio del hombre caído con el fin de borrar la memoria de un paraíso perdido. Y desde entonces ha ido creciendo, embelleciéndose y progresando, a pesar de la terrible catástrofe del diluvio, hasta que se alzó en rebelión contra el Hijo de Dios y lo crucificó. Esto es lo que hizo finalmente el mundo, con sus artes y letras, con su religión y su filosofía. El mundo de entonces estaba conformado por judíos y gentiles. Ambos amaban al mundo, y ambos se unieron para rechazar con la mayor ignominia al “Señor de la gloria”. ¿Puede ser entonces el mundo un objeto de amor para el cristiano? ¿Puede serlo acaso alguna cosa que sea parte integrante de este mundo? ¿Puede serlo acaso alguna cosa de la cual el mundo se jacte y en la cual se complazca? ¿No sería esto traición contra el Padre y el Hijo?.
Pero aquí se insiste en otra característica más que tiene el mundo. El mundo es evanescente, y tiene la sentencia de muerte que Dios puso sobre él. Ha de pasar por completo. El mundo pasa y sus deseos, pues ¿quién podrá conservarlo? No importa si se trata de ricos, de posición social elevada, de placeres, de poder o de cualquier otra cosa que le pertenezca; el asunto es que se reduce a nada (y su orgullo a veces, incluso en la época presente, puede aparecer en un asilo de pobres). No obstante eso, los hombres son devorados por el deseo de ser algo más grande que lo que son, de modo que bajo la superficie yace una infelicidad que el placer no puede desvanecer.

EL MUNDO PROVEE A TODAS LAS NECESIDADES DEL HOMBRE NATURAL
El hombre necesita vivir en sociedad; por eso el mundo no dejó de organizar su sistema social, y se ha esmerado en hacerlo de un modo completo y perfecto. La posición social es el todo para el hombre; no ahorra ningún esfuerzo para alcanzarla y conservarla a toda costa, ni hay gasto que le parezca excesivo. Consideremos, hermanos, aquella inmensa escala social, la sociedad, con sus multitudes de criaturas humanas, de las cuales se esfuerzan para ascender a los más altos puestos, mientras que otras hacen lo posible para mantenerse en la posición adquirida. ¡Qué atractivo y terrible poder tiene aquel sistema social para absorber el espíritu y el corazón de los hombres! Uff No!
Además, el hombre necesita un gobierno o poder político para la protección de su vida, su hacienda, sus derechos, a lo cual el mundo provee plenamente.
Y ¡así organización más completa corresponde también a lo que llamamos el mundo de los negocios! Las ocupaciones, en este mundo, forman un destacado conjunto de los más notables. Los hombres que sólo están dotados de fuerza física hallan ocupaciones además de sus capacidades; los espíritus inventivos pueden dar libre curso a su genio; los de formación artística se manifiestan en el mundo de la escultura, de la pintura, de la música o de la poesía; los sabios trabajan para resolver sus problemas; los escritores componen sus libros; y hasta las codicias y el lujo de unos, proporcionan a otros sus medios de subsistencia.


EL MUNDO ES UN ORDEN DE COSAS COMPLETO
¿Puede haber sistema más admirable y completo? Uff! Nada deja de lado. La satisfacción y el pretendido gozo que contiene son suficientes para que aquella gran multitud movediza de la humanidad se halle siempre en actividad y goce de un relativo contentamiento. Los corazones se aprestan siempre a buscar lo que les pueda satisfacer, los espíritus se hallan atareados; si alguna cosa viene a faltar, inmediatamente se recurre a otra. La aflicción y aun la muerte no se dejan de lado en la organización del sistema de este mundo; se provee a los funerales, a los vestidos de luto, se hacen las visitas de pésame, se dispensan palabras de simpatía, nada se olvida; de tal manera que, en poco tiempo, el mundo es capaz de elevarse por encima de sus duelos, y de volver de nuevo a su acostumbrada esfera de ocupación. Despertemos por favor!!
Pero hoy día, por la gracia de Dios, algunos muy pocos por cierto de los que están en el mundo, han comprendido que cuanto hay en él, negocios, política, educación, gobierno, ciencias, invenciones, ferrocarriles, medios de comunicación, organizaciones sociales, instituciones de beneficencia, reformas, religión, etc., son parte integrante del sistema de este mundo, de un sistema que va completándose cada día. Lo que se llama progreso del siglo no es otra cosa sino el desenvolvimiento de aquel elemento mundano. Ahora bien, la relación Actual de Cristo con semejante mundo debe ser también la nuestra. La posición que Cristo ocupa en el cielo, y la que no ocupa en la tierra nos indican, suficientemente, cuál debe ser la nuestra.


SATANÁS ES EL DIOS DE ESTE MUNDO
¿No sabéis que Satanás es «el dios de este mundo», «el príncipe de la potestad del aire», el director de aquel monstruoso sistema? Es su “energía”, su genio inspirador, y su príncipe. Cuando Jesucristo estuvo en la tierra, el diablo fue a ofrecerle «todos los reinos de la tierra y su gloria», por cuanto decía «A mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos» (Lc 4:6-7). Estos versículos descorren el velo, y aparece a plena luz el verdadero objeto de todo culto religioso del hombre. La Escritura habla de Satanás como de alguien que era como Lucifer  «lleno de sabiduría, y acabado de hermosura» (Ez 28:12), y que se disfraza de «ángel de luz» (2 Co 11:14). ¿Cómo extrañarse, pues, de que los hombres, tanto los indiferentes como los más reflexivos, sean engañados y seducidos? ¡Cuán pocos son los que tienen los ojos abiertos para discernir, por la Palabra de Dios y la unción del Espíritu Santo, el verdadero carácter del mundo! Algunos hay que creen haber escapado al lazo de la mundanalidad porque abandonaron lo que llamamos los placeres mundanos y se hicieron miembros de determinadas iglesias, o de asociaciones religiosas; pero se dan cuenta de que siguen permaneciendo en el sistema del mundo de igual modo que antes. Sólo que Satanás, príncipe de este mundo, les haga pasar de un departamento a otro, a fin de adormecer sus conciencias inquietas, haciéndoles sentir más satisfechos de sí mismos.


EL GRAN OBJETIVO DE SATANÁS
El gran objetivo de Satanás es establecer para el hombre un sistema que sustituya enteramente la dirección del Espíritu Santo; ello será su obra maestra de los tiempos del fin, y la característica prominente de la gran apostasía que se acerca rápidamente. Entonces, Satanás se manifestará abiertamente y en su misma persona, como dios de este mundo, lo que, de momento, está aún escondido en misterio.


¿CUÁL ES EL REMEDIO?
Siendo pues las cosas así, se nos presenta esta cuestión: ¿Cuál es el remedio? ¿Qué harán los que andan por el camino ancho y que hasta hoy vivieron de conformidad al sistema del mundo, para librarse de su influencia? ¿Cómo podrán discernir lo que es del mundo y lo que es de Dios? Dice el apóstol: «todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios» (Ro 8:14). La vida cristiana ha de ser gobernada por Cristo, tal como el cuerpo de un hombre se halla dirigido por su cabeza; cuando se está sano, no se mueven la mano ni el pie, a no ser que lo mande la cabeza. Es precisamente en el mismo sentido que Cristo es la cabeza del cristiano (1 Co 11:3), el cual se halla entonces sometido a Él en todas las cosas, sean de poca o de mucha importancia. Así es como el cristiano hiere la mundanalidad en su propia raíz: la voluntad propia del hombre es el principio fundamental sobre el cual se halla edificado todo el sistema del mundo, mientras que la base de la vida cristiana no puede ser otra que la dependencia de Dios y la obediencia a Su voluntad.
Queridos hermanos, es tiempo ya que los cristianos despertemos del sueño espiritual y examinemos si de una manera o de otra no nos hemos asociado a un sistema que madura rápidamente para el juicio.
Pero, dirán algunos, ¿cómo podemos nosotros impedir este estado de cosas? ¿No nos hallamos sujetos a ellas, aun a pesar nuestro, por nuestro comercio, nuestras profesiones, como miembros de la sociedad? ¡No podemos abandonar nuestras ocupaciones diarias! Claro, es una necesidad que cada uno admite, pero debemos notar que el hecho que cada uno la admita prueba que no es de Dios:
«Y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe»
(1 Juan 5:4),

La fe no repara en las circunstancias exteriores, en lo que es posible o en lo que sea imposible; la fe no considera lo que se ve, sino que confía en Dios. Alrededor nuestro, muchas personas nos pueden aconsejar acerca de lo que conviene hacer o evitar en la sociedad humana, pues lo que conviene al mundo es su regla y medida. Puede ser que ellas vean trazado claramente el camino que siguen, y que éste sea perfectamente razonable y satisfactorio; mas ello no tiene ningún valor para el cristiano que anda por la fe: éste bien sabe que lo que se considera universalmente como el buen camino será, al contrario, el camino de perdición, pues es el camino ancho (Lc 16:15; Mt 7:13).



QUE SEA DIOS QUIEN SIEMPRE NOS GUIE Y NOS EDIFIQUE EN SU VERDAD Y EN SU AMOR.

    

Dios te bendiga,


Jenny y Hugo G.
Bajo la Cobertura de los Pastores Alvaro Forero y Lilí Pérez.
ICC JESUCRISTO REY DE REYES
Bogotá - Colombia

Bibliografía:
- BIBLIA Reina Valera 1960.

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