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MINLUZNACIONES
Boletín Internacional
LA ADVERSIDAD, EL SUFRIMIENTO Y LA OBRA DE DIOS EN SUS HIJOS

 

LA ADVERSIDAD, EL SUFRIMIENTO Y LA OBRA DE DIOS EN SUS HIJOS

 

¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó?
¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno?
(Lamentaciones 3:37-38)

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;
(1 Corintios 13:4)

Por el Dios de tu padre, el cual te ayudará, Por el Dios Omnipotente, el cual te bendecirá
Con bendiciones de los cielos de arriba, Con bendiciones del abismo que está abajo,

Con bendiciones de los pechos y del vientre.
(Génesis 49:25)

 

DIOS hace que el camino a la gloria NO sea envidiable. ¿Sabes cuáles son las bendiciones de abajo, y las del vientre?*

LA GRACIA DE DIOS ES SUPERIOR A TODO PROBLEMA QUE NOS ENFRENTEMOS

La gracia es "una substancia divina" que Dios nos imparte cuando estamos en necesidad (He. 4:16). La gracia de Dios está a la altura de cualquier daño que pueda venir en nuestra dirección en cualquier momento. A medida que las presiones y las tentaciones aumentan, la gracia disponible aumenta también. Por lo tanto, no hay razón o excusa para amargarse. Cuando un hombre o una mujer se amarga, es porque ha estado constantemente rechazando la gracia que tenía disponible (He.12:15; 1 Co. 10:13; 2 Co. 6:1).

Si nos decidimos a recibirla, la gracia de Dios tiene la capacidad de sostenernos y mantenernos amables aun en medio de la prueba más cruel. Sin embargo, podemos por el contrario tomar la decisión de rechazar la gracia y endurecer nuestros corazones. ¿Qué alternativa tomar? Dios nos ofrece la gracia (capacitación divina) que puede estar a la altura y sobrepasar cualquier daño que llegue a nuestras vidas. Dios lo promete diciendo: “Bástate mi gracia” (2 Co. 12:9).

Mansedumbre significa “no vengarse, en una santa aceptación de las circunstancias”. Solemos asociar la mansedumbre con nuestras relaciones interpersonales, pero en las Escrituras la mansedumbre se refiere principalmente a nuestra relación con Dios. Por esa razón no debemos nunca alzarnos en ira o en venganza contra Dios, Quien es el que permite nuestras situaciones. Debemos poner de manifiesto la mansedumbre hacia Dios. Es evidente que Job, durante su prueba, tuvo que aprender todavía más sobre la mansedumbre. Los corderos se quedan “mudos” delante de los trasquiladores (Is. 53:7).
Jesús era manso con Su Padre. Él era un Cordero complaciente, que rindió Su vida cuando Su Padre se lo pidió. “Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento” (Is. 53:10). El Señor Jesús sabía que era la voluntad del Padre padecer vergüenza y oprobio, para ser después rechazado y muerto. Jesús siempre se deleitó en hacer la voluntad de su Padre. Él no guardaba ira hacia su Padre Celestial. La ira es lo contrario de la mansedumbre. La ira es síntoma de que aún se conservan derechos no sometidos.

Por orden de Dios todo obstáculo, enemigo y problema que enfrentamos nos ayuda a bien. Las injusticias, las molestias y los pesares están, en conjunto, trabajando vigorosamente a nuestro favor, para producir en nosotros todas las virtudes que
acabamos de enumerar. ¡El problema es nuestro siervo! Piense en todas las cualidades eternas que dejarían de producirse si no tuviéramos dificultades.

 

PROPÓSITOS Y BENEFICIOS DE LA ADVERSIDAD
(Contemplando los problemas desde la perspectiva celestial)

EL SUFRIMIENTO LOGRA LO SIGUIENTE:
1. DESTRUYE LA SOBERBIA.
La soberbia es probablemente el problema más grande que enfrentamos usted y yo. Según Job 33:16-20, Dios castiga a Su pueblo con fuertes dolores con el fin de “apartar del varón la soberbia”. La soberbia impide que recibamos gracia, pues la gracia solamente le es dada a los humildes (Stg. 4:6; 1 P. 5:6). Por lo tanto, es el amor divino el que nos hace atravesar dificultades por medio de las cuales se forja en nosotros la humildad. La humildad abre la puerta y nos pone en condiciones de recibir nueva gracia y muchas otras bendiciones (Pr. 20:30).


2. NOS PONE DE MANIFIESTO LO QUE TENEMOS EN EL CORAZÓN.
“A sus propios ojos, todo hombre es recto” (Pr. 21:2; ref. Dt. 8:2; Jer. 17:9). Las pruebas y las dificultades sacan a la
luz nuestra naturaleza y las motivaciones malas y escondidas, de tal manera que podamos convencernos de su existencia, y veamos nuestro problema como es en realidad. Cuando Dios decide exponernos, parece humillante y vergonzoso, pero eso es para vida, no para muerte.


3. NOS HACE TIERNOS Y COMPASIVOS.
La rudeza, la imprudencia y el espíritu de crítica son devorados por el fuego de la aflicción. El fracaso personal y la humillación nos hacen más gentiles y misericordiosos para con los demás. Hay ocasiones en que es saludable que suframos derrota y fracaso. Job dijo: “Dios ha enervado mi corazón” (Job 23:16). Los períodos largos de tensión y de dificultad también nos ponen en condiciones de recibir aquello para lo cual no estábamos anteriormente ni dispuestos ni aptos. Al ver lo que Dios ve en nosotros, seremos cambiados. Pablo dijo que somos transformados por medio de la renovación de nuestro entendimiento (Ro.12:2).


4. NOS AYUDA A NO PECAR MAS.
El sufrimiento destruye nuestra inclinación (o propensión) al pecado. “Pues quien ha padecido en la carne, [voluntariamente terminó] con el pecado” (1 P. 4:1). Por muy sinceros que seamos, hay “tendencias” poderosas en nuestra naturaleza que deben ser subyugadas, tales como: la soberbia, la arrogancia, la obstinación y la ira. El sufrimiento es a menudo el medio para mantener estas inclinaciones bajo control.


5. NOS HACE ESTABLES.
“Después que hayáis padecido un poco de tiempo, Él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” (1 P. 5:10). ¡El sufrimiento nos hace madurar! Nos hace estables y suprime el andar con componendas. Cuando hemos pagado un precio muy alto por la verdad, la atesoramos de todo corazón (Pr. 23:23). Las personas no valoran aquello por lo cual no han pagado un precio.


6. PRODUCE PAZ.
“Dios desea lidiar en nuestra vida con todo aquello que nos esté privando de paz. El resentimiento, la soberbia y otros pesares auto inducidos, nos quitan la paz. Dios juzga estos conflictos interiores cuando estamos atravesando por fuegos de aflicción. Cuando los tres hebreos estaban en el horno ardiente, el Hijo de Dios estaba con ellos en el fuego. Lo único que se quemó fueron sus ataduras. Todo lo que las llamas hicieron fue devorarles lo que los ataba (Dn. 3:21, 25). El propósito de las pruebas de fuego es quemar nuestras ataduras, sin que nosotros suframos ningún daño. Después de que hayamos sido disciplinados por Dios y purgados de estos desórdenes, habrá una gran producción de “fruto apacible de justicia” como lo menciona Pablo en Hebreos 12:11. Ver también el Salmo 94:12-13.


7. EVITA QUE NOS DESCARRIEMOS.
“Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba” (Sal. 119:67). Muchas veces los castigos de Dios evitan que perdamos la ruta. Quizá fue su vara la que nos puso de nuevo en el camino. Pero hay algo más: si tenemos un problema abrumador o si hay un monte en nuestras vidas, un túnel es el camino más fácil de atravesarlo. Los túneles son oscuros, solitarios, y hasta nos atemorizan, pero son el camino más rápido. ¡Además, nos mantienen en la ruta!. Puede ser que Dios nos conduzca a una experiencia de túnel. Es oscuro, pero nos lleva en el sentido correcto y nos libra de virajes equivocados. Puede ser que Dios nos mantenga temporalmente confinados, pero es que nos está prohibiendo virar a la derecha o a la izquierda. Dios ha escogido la mejor ruta para nuestras vidas. Por eso, demos gracias por su fidelidad.

8. PRODUCE PACIENCIA.
“La tribulación produce paciencia” (Ro. 5:3). La palabra tribulación literalmente significa presión. Los períodos de enorme presión producen en nuestras vidas una gran paciencia. Job había experimentado la “Gran Tribulación”. A él se le conoce por la paciencia que recibió en la tribulación (Stg. 5:11). La Tribulación produce una profunda paciencia en los santos (Ap. 13:10; 14:12; 7:13-14). La tribulación perfeccionará a la Iglesia de Dios y la preparará para reinar con Cristo (Ap. 19:7-8). Job tipifica a la Iglesia sufriente y glorificada.


9. PURIFICA NUESTRA FE.
Nuestra fe debe ser purificada. 1 Pedro 1:7 y Santiago 1:2-3 claramente lo declaran: “Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”. Nuestra fe está mezclada con prejuicios y emociones, tal como el impulsivo Pedro aprendió en sus años de juventud. Por lo tanto, Pedro tuvo que atravesar muchas pruebas purificadoras durante su vida. Al final de sus días, su fe fue “hallada en alabanza, gloria y honra”. Job dijo: “Él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro” (Job. 23:10).
Todo lo que hagamos debe nacer de fe, no de impaciencia, histeria, frustración, emoción o de nuestras propias ideas. Todas nuestras palabras y acciones deben nacer de una verdadera fe. Por eso, nuestra fe debe ser purificada. Lo que no es nacido de fe por lo general es pecado (ref. Ro.14:23).


10. LA OBEDIENCIA SE APRENDE POR LO QUE SUFRIMOS.
Como hombre, nuestro Señor Jesús tuvo que aprender obediencia (o control) por lo que sufrió (He. 2:10; 5:8-9). Nosotros seremos adiestrados, equipados, disciplinados y preparados por ese tesoro frecuentemente rechazado, que se llama adversidad. Asimismo, las equivocaciones y los fracasos dolorosos nos hacen adquirir sabiduría. A veces aprendemos y absorbemos más de nuestros errores que de nuestros aciertos.


11. LA MANSEDUMBRE Y EL SUFRIMIENTO.
Moisés era el hombre más manso de la tierra. Pasó cuarenta años en el desierto soportando quebrantamientos y pérdida de identidad. La mansedumbre es exactamente lo contrario de la ira. Una persona mansa soporta la disciplina y acepta sus circunstancias. No así una persona iracunda. Para convertirnos en personas mansas debemos pasar por muchos quebrantamientos. La mansedumbre implica rendir a Dios nuestros derechos. Cuando los cristianos no han rendido sus derechos a Dios, enfrentan problemas de “ira” todo el tiempo.


12. EL GOZO ES RESULTADO DEL SUFRIMIENTO.
“Bien, buen siervo y fiel...entra en el gozo de tu Señor” (Mt. 25:21, 23). El resultado de hacer la voluntad de Dios (que no siempre es el camino más popular o fácil), es un inmenso gozo. El sufrimiento realmente labra en nuestro ser una gran capacidad para el gozo. Los apóstoles experimentaron un inmenso gozo cuando fueron humillados por causa de su testimonio. “Gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre” (Hch. 5:41). Tendremos gozo en la misma medida en que suframos por Cristo. Las personas que no han pagado ningún precio ni sufrido por Cristo, tienen muy poco gozo. Ver también Lucas 6:21-26.


13. EL SUFRIMIENTO NOS IDENTIFICA CON CRISTO.
¡El sufrimiento nos coloca aparte, como suyos! “Salgamos, pues, a Él, fuera del campamento, llevando su vituperio” (He. 13:12-13). Jesús no tiene popularidad en el sistema de este mundo, ni tampoco en algunas iglesias. Él está fuera del campamento. Allí es donde lo encontraremos. Moisés tuvo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios (He.11:26). Si no estamos dispuestos a identificarnos con el vituperio de Cristo, no podremos participar de Su gloria. Ver nuevamente Hechos 5:41; Lucas 6:21-26; Romanos 8:18; 1 Pedro 4:12-13; Marcos 8:38.


14. NOS CAPACITA PARA CONSOLAR A OTROS.
Seremos capaces de consolar y entender a los demás en aquello en que Dios nos ha consolado a nosotros (2 Co. 1:3-7). Se necesita empatía, no simpatía. La empatía es la intuición para saber lo que otro está sintiendo y pensando, por haber uno mismo atravesado situaciones similares. Los amigos de Job no tenían empatía. Su experiencia no era tan profunda como para entender y sentir como Job. ¡No habían sufrido lo suficiente!

15. CREA LA NATURALEZA DIVINA.
“Oro refinado en fuego” (Ap. 3:18). El oro representa la naturaleza divina. El oro refinado procede del horno ardiente. El fuego y el calor intenso eliminan del oro las impurezas y la mezcla. ¡Si no fuera por ese intenso calor, la mezcla permanecería! ¡Es por eso que la naturaleza divina tiene un precio tan alto! Pablo dijo: “nuestra tribulación produce” (2 Co. 4:17). La aflicción realmente crea en nosotros un eterno peso de gloria.


16. PREPARA A LA PERSONA PARA REINAR CON CRISTO.
“Si sufrimos, también reinaremos con él” (2 Ti. 2:12). El sufrimiento prepara al santo de Dios para una mejor resurrección.
Lo adapta a su posición eterna en el reino de los cielos. Los que reciben “la abundancia de la gracia” reinarán con Cristo (Ro. 5:17). Esta gracia se ofrece cuando tenemos necesidad (He. 4:16). Por lo tanto, es durante los momentos de tensión en que se derrama sobre nosotros la gracia que cambia vidas. La gracia es una substancia. Es algo que recibimos cuando estamos bajo presión. Dios siempre nos da la gracia suficiente, la que basta para satisfacer nuestra necesidad. Si nuestra necesidad es grande, esta es la oportunidad de recibir una enorme cantidad de gracia.


17. NOS HACE HIJOS MADUROS.
Es un grave error aborrecer las correcciones y disciplinas del Señor ¡y rendirse! (lea He. 12:5-7). Si soportamos la disciplina, Dios nos trata como a hijos e hijas adultos (He. 12:8). Pero si constantemente rehuimos la corrección, permanecerán firmes e intactos en nosotros los antiguos problemas y ataduras, tales como la ira, la soberbia y la terquedad. Al final, Dios tendrá que decir: “Tú no eres hijo mío o hija mía. No te pareces a mí ni me representas en lo absoluto. En ningún sentido eres como Yo”. La definición que Dios hace de la palabra ilegítimo es ésta: Aquel que rechaza la corrección o el cambio, de tal manera que no tiene ni la imagen ni la semejanza de su Padre Celestial (He.12:8).


18. ENTRAMOS AL REINO POR MEDIO DEL SUFRIMIENTO.
“A través de muchas tribulaciones entramos en el reino de Dios”(Hch. 14:22). El reino de Dios es tres cosas: 1) Es el cielo en sí; 2) Es el cielo bajado a la tierra, el Milenio; y 3) Es el cielo llevado al corazón de los hombres, una realidad interior. Pablo dice: “El reino de Dios es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Ro. 14:17). Por lo tanto, el reino de Dios también es un ámbito, un estilo de vida y una dimensión superior del vivir (Lc. 17:20-21). Los pobres en espíritu tienen esta vida del reino (Mt. 5:3). Pero a esta realidad del reino se entra por medio del sufrimiento. Entramos en el reino (justicia, paz y gozo) a través de muchas tribulaciones.


19. SOMOS PERFECCIONADOS POR MEDIO DEL SUFRIMIENTO.
La palabra perfecto significa completo, entero, maduro, totalmente equipado y apto para la tarea. Jesús fue perfeccionado a
través de mucho sufrimiento (He. 2:10; 5:8-9). El sufrimiento nos prepara para la tarea que Dios ha mandado que hagamos. Los errores, fracasos, demoras, disciplinas, correcciones y castigos, todos obran juntos preparándonos para la labor que Dios nos ha enviado a realizar.

20. A TRAVÉS DEL SUFRIMIENTO LLEGAMOS A CONOCER A JESÚS.
Pablo ansiaba conocer a Cristo en todas Sus facetas. Una de las maneras en que deseaba conocerlo era en “la participación de sus padecimientos”, como lo dice en Filipenses 3:10. No podemos apreciar a Cristo sin haber antes caminado con Él por el Huerto del Getsemaní. No es posible conocer íntimamente a Dios si lo que queremos es llevar una vida fácil, porque Dios mismo ha experimentado un gran sufrimiento y sacrificio. El Evangelio de prosperidad tiende a producir bebés espirituales en lugar de hijos plenamente desarrollados. Ese Evangelio hace hincapié en lo que Dios puede hacer por MÍ, en lugar de cambiar mi vida para que yo le dé a Él satisfacción, haciendo Su voluntad.


21. EL SUFRIMIENTO NOS LLEVA A LA GLORIA.
Nuestra tristeza presente no merece compararse con la gloria que será revelada en nosotros (Ro. 8:18; 2 Co. 4:17). La gloria siempre es precedida de sufrimiento (1 P. 4:12-14; 5:1). Pablo dijo que nuestra tribulación produce en nosotros un
eterno peso de gloria.


22. EL SUFRIMIENTO HACE QUE LA VERDAD ADQUIERA VIDA.
Podemos entender las Escrituras solamente cuando hemos tomado un buen sorbo de la copa del dolor y experimentado nuestro propio mensaje. La verdad debe hacerse realidad en nuestro interior. De lo contrario, careceremos de autoridad y de revelación. Luz y Vida, como usted lo recuerda, son las recompensas dadas por Dios a los que han pasado por tiempos de desgracia (Job 3:20). Las verdades de las Escrituras no nos pertenecen verdaderamente sino hasta que hemos pagado por ellas. La verdad tiene un alto precio (Pr. 23:23).


23. SUFRIR POR OTROS.
Ésta es otra forma de sufrimiento. Es sufrir para llevar a otros a la victoria. Pablo, espiritualmente, tenía dolores de parto para llevar a los creyentes gálatas a la madurez (Gá. 4:19). El Señor puede permitir que usted sienta las cargas y ataduras de otros mientras ora por ellos. Pablo decía que sufría por el Cuerpo de Cristo para ayudarlo a madurar (Col.
1:24; 2:1). El sufrimiento también puede liberar vida para otros (2 Co. 4:10-12).

LA ELECCIÓN

DE RECIBIR LA GRACIA
Ó
DE RECHAZAR LA GRACIA
 
 
Una oportunidad
ó
Una dura prueba
Mejorarnos
ó
Amargarnos
Un peldaño
ó
Un obstáculo
     


El mismo sol que derrite la cera también endurece el barro.
Las pruebas pueden amansar o endurecer nuestros corazones, todo depende de la alternativa que tomemos. Cuando recibimos el daño, tomamos la decisión inmediata ya sea de endurecer el corazón o de pedir a Dios la gracia que nos mantiene afables y apacibles. Por nuestra propia elección convertimos las dificultades ya sea en duras pruebas o en oportunidades, en piedras de tropiezo o en peldaños. La adversidad puede mejorarnos o amargarnos. ¡La decisión es nuestra!

Lo que le decimos A Dios y ACERCA de Dios es de suma importancia
La generación de Israel que salió de Egipto no entró nunca en la Tierra Prometida. Israel con sus malas actitudes y palabras ásperas contra Dios, cerró su corazón (Nm. 14:3; Dt. 1:27). Caleb y Josué fueron los únicos que sabían cómo obtener el favor de Dios, diciendo: “Si Jehová se agradare de nosotros, Él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará” (Nm. 14:8). Una confesión correcta es la clave para obtener el favor de Dios.

 

VIENDO EL JUICIO DESDE LA PERSPECTIVA DE DIOS

¿Qué concepto tiene usted del juicio? ¿En qué piensa usted cuando alguien habla de juicio o del juicio de Dios? Por lo general ello nos da una impresión negativa. La palabra misma da a entender una pena severa, un castigo y el desagrado de la mano de Dios. Sin embargo, aunque pueda significar cualquiera de éstos, una mejor definición de la palabra nos podría ayudar a despejar estos conceptos erróneos.

Todos debemos ser juzgados Dios ha dejado en claro que todos los hombres, buenos o malos, deberán ser juzgados sin
excepción. “Él juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud” (Sal. 9:8). “Porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad” (Sal. 96:13). “Dios es juez justo, y Dios está airado contra el impío todos los días” (Sal. 7:11). Todavía queda la pregunta: ¿Cuál es el verdadero significado de “juzgar”?


1. DUWN (doon): es una palabra hebrea que significa “juicio”. Quiere decir gobernar; juzgar como un árbritro; disputar como en derecho, contender; ejecutar; juzgar; administrar el juicio; defender la causa.


2. SHAPHAT: es otra palabra hebrea usada para definir juicio. Significa: juzgar; pronunciar sentencia (en favor o en contra), reivindicar o penar; gobernar; litigar; vengar; condenar; contender; defender; ejecutar juicio; ser juez; alegar; concluir por el razonamiento; pronunciarse.


3. KRINO: es una palabra griega usada en las Escrituras para describir el alcance y la acción del juicio. Significa: Distinguir, decidir mental o judicialmente. Por implicación: Ver una causa o litigio; condenar; castigar; vengar; objetar; o sentenciar.

Dios quiere juzgar el mal que hay en nuestros corazones ahora, para que en el Día del Juicio estemos sin mancha Con esta definición más completa de la palabra juicio, podemos ver que el juicio de Dios no siempre consiste en que seamos nosotros hallados culpables y merecedores de castigo. Puede significar juicio para limpieza y reivindicación. El propósito de las tribulaciones es ver lo que hay en nuestros corazones, y librarnos de toda disparidad con Aquel que nos está juzgando. “Sus ojos ven, sus párpados examinan a los hijos de los hombres” (Sal. 11:4).

Para poner por obra la justicia, primero debemos imitar a Aquel a quien pertenece la justicia (Dn. 9:7). El Juez Justo del universo nos examinará con Sus ojos que todo lo ven. Él enviará pruebas y juicios con la finalidad de que toda iniquidad oculta en nosotros sea pasada por el tamiz, como sucedió con Job. Muchas veces, cuando estamos siendo cernidos, perdemos de vista el propósito de la prueba: presentarnos irreprensibles delante de Aquel que es sin mancha (Jud. 1:24; Ap. 14:5; Ef. 1:4). Entender este resultado final nos hace más capaces de aceptar y recibir Sus justos juicios en nuestras vidas.


Al examinar detenidamente las Escrituras, descubrimos varias razones importantes para los juicios de Dios en la tierra y en nuestras propias vidas. Estos propósitos desafían parte de la teología moderna, pero si logramos admitir las verdades de la Palabra de Dios, llegaremos a conocer la victoria que Dios determinó para nuestras vidas por medio de la purificación de juicio.

ALGUNAS RAZONES PARA QUE HAYA JUICIO

1. JUICIO PARA LIBERACIÓN.
Dios desea liberarnos de los muchos enemigos que nos rodean y afligen. Unos están en nuestro exterior y otros en nuestro interior. Al juzgarnos, Dios separa lo precioso de lo vil que hay en nuestras vidas. “Porque el Señor al que ama, disciplina, y [azota] a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? (He. 12:6-7). Los tres amigos de Daniel fueron atados y arrojados a un horno ardiente. Pero aunque el fuego les quemó las ataduras, ellos en sí no fueron tocados ni por el fuego ni por el humo. Las pruebas por las que nosotros pasamos están destinadas a quemar nuestras ataduras. En el horno de aflicción, Dios juzga y consume por fuego aquello que es inapropiado y que impide nuestro progreso espiritual, pero nosotros en sí podemos salir del fuego sin sufrir ningún daño.


2. JUICIO PARA REIVINDICACIÓN.
David pidió en oración que Dios le reivindicara ante sus enemigos y se pronunciara a su favor: “Júzgame, oh Dios, y defiende mi causa; líbrame de gente impía, y del hombre engañoso e inicuo” (Sal. 43:1). “Mas Dios es el juez; a éste humilla, y a aquél enaltece” (Sal. 75:7). El juicio nos separa y distingue de los impíos que están alrededor (Jer. 15:17). Dios tiene que corregir a Su Iglesia primero, antes de juzgar al mundo (ref. 2 Co.10:6; 1 P. 4:17; Pr. 16:7). Dios reprenderá a nuestros enemigos después de que haya llevado a cabo Su obra en nosotros.


3. JUICIO PARA PRUEBA.
Dios trae juicio a Su pueblo con el fin de probarlo: “...de todo el camino por donde te ha traído Jehová tu Dios ...para probarte” (Dt. 8:2). Dios probó a Job y tuvo confianza en su carácter y en el resultado que tendría la prueba. ¡Job fue juzgado fiel! Abraham fue juzgado fiel cuando voluntariamente entregó su posesión más preciada: Isaac.


4. JUICIO PARA SANTIDAD.
Los juicios de Dios en nuestras vidas nos obligan a escoger el camino por el cual queremos viajar. Una ruta lleva a la santidad, la otra lleva a la mezcla e inmundicia. “El que es injusto, [sea injusto todavía]; y el que es inmundo, [sea inmundo todavía]; y el que es justo, [practique la justicia todavía]; y el que es santo, santifíquese todavía” (Ap. 22:11). Un camino se vuelve cada vez mejor y nos lleva de la justicia a la santidad. El otro, se deteriora cada vez más y nos lleva de la injusticia a la inmundicia. Con nuestra respuesta a los juicios de Dios en nuestras vidas, estamos escogiendo un camino específico (Dt. 30:19). Al aceptar o rechazar las situaciones que Él nos hace enfrentar, estamos escogiendo la vida o la muerte. Si nos sometemos a los justos juicios de Dios en nuestras vidas, seremos puestos en caminos de rectitud. Seamos capaces de decir junto al Salmista: “Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado; he confiado asimismo en Jehová sin titubear” (Sal. 26:1). “Mas Él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro” (Job 23:10).

5. JUICIO PARA RECOMPENSAS.
Otro de los propósitos que tienen los juicios y humillaciones de Dios en nuestras vidas, es capacitarnos para tomar posesión de una rica herencia. Dios anhela exaltar a los fieles que soportan Sus justas cerniduras y juicios (1 P. 5:6). “Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero” (Job 42:12). José también fue bendecido con una doble porción al final de sus juicios (Gn. 48:22; Ez. 47:13). El juicio le llegó tanto a José como a Job, pero al final Dios los reivindicó a los dos, dándoles una doble herencia. Las Escrituras son muy claras en cuanto a la recompensa de los justos. “¿O no sabéis que los
santos han de juzgar al mundo? (1 Co. 6:2). “¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?” (1 Co. 6:3). Pero Dios debe primero juzgar la maldad que hay en nuestros propios corazones, antes de que pueda asignarnos la tarea de juzgar al mundo y a los ángeles rebeldes (1 Co.11:31-32; 2 Co.10:6).


6. JUICIO PARA AMOR.
Hace varios años un cristiano devoto hizo esta oración: “Señor enséñanos a relacionarnos con todo el cuerpo de Cristo”. Fue una plegaria producida por el Espíritu Santo. Dios está en el proceso de juzgar prejuicios, ideas preconcebidas y sospechas que hay en nuestras mentes, causantes de división y distanciamiento con los demás creyentes nacidos de nuevo. “¡No juzgues para que no seas juzgado!” Una mente redimida fomenta la unidad y el amor a los hermanos, pero la mente natural separa a unos de otros. Es indispensable que le permitamos a Dios juzgar nuestra mente natural: nuestras preferencias, prejuicios y tradiciones. La mente natural es una enemiga irreconciliable de la unidad y del amor a los hermanos. Permitamos que Dios queme todo residuo que nos haya quedado de las flaquezas de la mente natural. Él lo hará mientras nos juzga.


7. JUICIO PARA GLORIA. Otro de los propósitos del juicio es que lo podamos ver a Él: al Señor de la Gloria. Después de soportar los fuegos de Dios, Job pudo decir: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven”. Él pudo hacer esta declaración sólo hasta después de que varias imperfecciones importantes de su vida le fueron juzgadas, mismas que le habían estado entorpeciendo su visión del Señor. El resultado final de los juicios de Dios sobre nosotros, es que lleguemos a conocerlo. Dios debe juzgar las áreas de ceguera que nos impiden ver lo que Él ve. Job fue liberado sólo después de que vio lo que Dios veía en él. Que Dios nos conceda la valentía y la gracia para entrar en el ruedo del juicio de Dios, con lo cual seremos probados pero no destruidos, como lo fueron aquellos tres hebreos en el horno ardiente. Que seamos capaces de decir al final de nuestras pruebas, las mismas palabras del Capitán de nuestra salvación: “Viene el príncipe de este mundo [Satanás], y él nada tiene en mí” (Jn. 14:30).

Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.
(Mateo 11:5-6)

Vienen cosas tremendas... Necesitamos estar preparados como la Esposa de JESUCRISTO. Necesitamos entender a la luz de la Palabra lo que DIOS dice de cada cosa y no como la sociedad ó la cultura "nos había enseñado". DIOS es amor.

QUE SEA DIOS QUIEN SIEMPRE NOS GUIE Y NOS EDIFIQUE EN SU VERDAD Y EN SU AMOR.

Dios te bendiga,

Jenny y Hugo G.
Bajo la Cobertura de JESUCRISTO a través de la ICC JESUCRISTO REY DE REYES
Bogotá - Colombia

Bibliografía:
- BIBLIA Reina Valera 1960 y NTV: Nueva Traducción Viviente.
- Convirtiendo la Maldición en Bendición. Por Paul Caram

* Otras Lecturas Recomendadas:
- Verdadera Adoración: Bendecidos en expansiones y Bendecidos en Contracciones
- Los Justos Juicios de DIOS
- Rumbo a DIOS
- DIOS es quien da la Victoria
- Los Valientes pertenecen al Reino de DIOS

(Sigamos orando, clamando e intercediendo por ESTADOS UNIDOS, PUERTO RICO y toda latinoamérica. 2 Crónicas 7:14 ante un próximo evento - Terremoto histórico)

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