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MINLUZNACIONES
Boletín Internacional
ES HORA YA-1: MANIFESTANDO EL FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO, EL OLOR FRAGANTE

 

ES HORA YA-1
MANIFESTANDO EL FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO, EL OLOR FRAGANTE

 

Huerto cerrado eres, hermana mía,
esposa mía;
Fuente cerrada, fuente sellada.
Tus renuevos son paraíso de granados,
con frutos suaves,
De flores de alheña y nardos;
Nardo y azafrán, caña aromática y canela,
Con todos los árboles de incienso;
Mirra y áloes, con todas las principales especias aromáticas
(Cantares 4:12-14)

 

El rey Salomón, hablando bajo la unción del ESPÍRITU SANTO, describe a la esposa de CRISTO. Salomón enumeró nueve bellas especies que él observó que brotaban y florecían en el jardín del corazón de ella.

Las nueve especies simbolizan los nueve frutos del Espíritu y corresponden a cada uno de las nueve manifestaciones del fruto en orden descendente. La interpretación de cada planta puede ser hallada al comparar cada especie con su fruto correspondiente. Por esto, cada vez que una de estas especies es mencionada en la Palabra de DIOS, podemos comprender lo que representan y lo que el Señor está diciendo en ese pasaje en particular.

LOS NUEVE FRUTOS COMPARADOS Y LAS NUEVE ESPECIES

Gálatas 5:22-23 Cantar de Cantares 4:12-14
Amor...................................................... Granado
Gozo...................................................... Alheña
Paz........................................................ Nardo
Paciencia............................................... Azafrán
Benignidad............................................ Caña Aromática
Bondad................................................. Canela
Fe........................................................ Incienso
Mansedumbre....................................... Mirra
Templanza............................................. Áloes

¿Cómo se desarrollan los frutos en nuestra vida?
Los frutos del Espíritu son desarrollados, como el Señor dijo en Juan 15:1-4, siguiendo estos cuatro pasos:
1. Permitirle a nuestro Padre Celestial que nos “pode”. DIOS lo hace a través de pruebas severas y experiencias amargas (Juan 15:2).
2. Ser limpiados rigurosamente por la obediencia a la Palabra.
CRISTO dijo en Juan 15:3: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” (vea Ef. 5:26; 1 P. 1:22).
3. Permanecer en CRISTO, y guardar Sus mandamientos. El Señor nos instruyó en Juan 15:10: “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”.
4. Permitirle a CRISTO permanecer en nosotros, lo cual significa que Sus palabras permanecen en nosotros (vea Juan 15:4, 10).

Daremos fruto, más fruto y mucho fruto dependiendo del grado de desarrollo de estos cuatro aspectos en nuestra vida. De esta manera, nuestro Padre Celestial será glorificado (Juan 15:8).

Los nueve frutos son desarrollados por contraste

Otro factor muy importante con relación al desarrollo de los frutos del Espíritu en nuestra vida es que los frutos son desarrollados a través del contraste y de fuerzas opuestas. En realidad, los frutos del Espíritu son perfeccionados a través de fuerzas opuestas.

1. Amor: es desarrollado a través de amar a aquellos que nos odian y nos usan despectivamente.
2. Gozo: es desarrollado en aquellos que pasan por el valle de Baca (tristeza) y lo convierten en un pozo de gozo, del cual otros pueden tomar fuerzas, pues el gozo del Señor es nuestra fortaleza.
3. Paz: Madura a medida que el cristiano es puesto en situaciones confusas y permite que la paz fluya como un río desde su alma.
4. Paciencia: sólo puede madurar a través de largas y arduas tribulaciones, en las cuales nuestra fortaleza humana falla y la paciencia divina manifestada por CRISTO en el Calvario, fluye a través de nuestro espíritu.
5. Benignidad: brilla en medio de los groseros y toscos, los ingratos y desagradecidos.
6. Bondad: manifiesta sus frutos entre los malos, cuyos actos son crueles y engañosos.
7. Fe (o fidelidad): se ve en su apogeo cuando es confrontada por el fracaso y la traición de aquellos en quienes más confiamos.
8. Mansedumbre: llega a su plenitud cuando se enfrenta a la ira y no se venga.
9. Templanza: nuestra voluntad propia ejercida por gracia en un mundo de gente que se entrega a la lujuria y a sus pasiones. Es en esas circunstancias que podemos manifestar nuestra moderación.

Los nueve frutos son desarrollados por contraste:

Amor...................................................... odio
Gozo...................................................... tristeza
Paz........................................................ confusión
Paciencia............................................... tribulaciones prolongadas
Benignidad............................................ ingratitud
Bondad................................................. maldad
Fe........................................................ traiciones
Mansedumbre....................................... enojo
Templanza............................................. deseos incontrolables

 

1. EL AMOR
Del granado podemos ver varias verdades acerca del amor. El granado tiene una cáscara muy gruesa que tiene que ser perforada para liberar el jugo de los granados. Si el amor verdadero va a ser desarrollado en nuestra vida, de la misma manera debemos ser traspasados (CRISTO fue traspasado por una lanza) y lastimados por aquellos a quienes más amamos.

La relación de amor entre CRISTO y Su Esposa en el Cantar de los Cantares se pueden ver tres aspectos de la relación de amor entre CRISTO y Su Esposa.

1) En el Cantar de los Cantares 2:16, la esposa dice: “Mi amado es mío, y yo suya”. La esposa siente que su esposo le pertenece. Ella es muy posesiva. Cuando una esposa está recién casada, ella abraza a su esposo y dice: “Él es mío”. Esta es una etapa muy parcial y egoísta del matrimonio.

2) Pasado el tiempo en la vida de la esposa, ella dice: “Yo soy de mi amado, y mi amado es mío” (Cantares 6:3). Con un mayor grado de madurez, la esposa comienza a darse cuenta que ella fue creada para el esposo. Ella comprende que, ante todo, le pertenece primero a él y que luego, él le pertenece a ella.

3) El tercer paso en una relación matrimonial puede verse en las palabras de la esposa, en Cantar de los Cantares 7:10:“Yo soy de mi amado, Y conmigo tiene su contentamiento”. La meta final del matrimonio es que la esposa gane el amor y el afecto de su esposo. A través de toda su vida, Lea nunca pudo ganar el afecto de su esposo Jacob. En lo natural, la esposa tiene que hacerse atractiva para su esposo. De la misma manera, nosotros debemos hacernos atractivos para el Señor JESÚS, nuestro Esposo Celestial. Ester se hizo hermosa para el rey y, porque lo hizo, fue elegida para sentarse en el trono con él.

Hablando profética y simbólicamente de la esposa de CRISTO, el Salmo 45:10-11 dice: “Oye, hija, y mira, e inclina tu oído; Olvida tu pueblo, y la casa de tu padre; Y deseará el rey tu hermosura; E inclínate a él, porque él es tu señor”. Debemos olvidarnos de dónde venimos y de la forma en que vivíamos antes de nuestra salvación, para que el Señor pueda desear nuestra hermosura. Lo mismo sucede en el matrimonio. Si la esposa constantemente está deseando regresar con sus padres, su esposo se desanimará, pues él debería ser el objeto de su amor. De la misma manera, nuestro Esposo Celestial debe ser el objeto supremo de nuestro amor y debemos olvidar nuestro pasado y abandonarnos por completo en Sus brazos.

El amor verdadero se divide, según la Escritura, en tres partes:
(1) amor por DIOS;
(2) amor por nuestro prójimo; y
(3) amor por nuestros enemigos.
Recuerde, el amor es una decisión, un compromiso, no es un sentimiento y no es opcional. Es un mandamiento.

 

2. EL GOZO
El gozo es un estado de felicidad derivado de la unión y comunión con el Señor. Hay “plenitud de gozo” en la presencia de DIOS (vea Salmos 16:11). La fuente del verdadero gozo es el Señor mismo. La dicha que se obtiene de cualquier otra forma no es gozo verdadero, sino una emoción momentánea y pasajera. Como dijo David en el Salmo 43:3, el Señor debe ser nuestro “supremo gozo”. Se enfatiza que este fruto es absolutamente divino. Es dado por DIOS mismo. Primero, una clara distinción entre el regocijo y el gozo, pues estas dos palabras han sido confundidas por muchos. El regocijarse es una actitud. Es nuestra responsabilidad regocijarnos en toda circunstancia. El Señor nos manda a regocijarnos. El regocijo nos lleva al gozo, pero el regocijo no debe confundirse con el gozo. El gozo es un fruto del Espíritu que nosotros no podemos producir. Solamente DIOS nos lo puede dar, porque el gozo es divino. El gozo es en realidad lo que DIOS quiere que experimentemos. Llegamos al gozo al caminar en la senda del regocijo. El regocijo es una condición mental; mientras que el gozo es una condición general de nuestro ser.

Eclesiastés 2:26 dice: “Porque al hombre que le agrada, DIOS le da sabiduría, ciencia y gozo”. DIOS nos da su gozo cuando obedecemos sus mandamientos y elegimos regocijarnos, a pesar de las circunstancias externas. Aquellos que no hacen las cosas que agradan al Señor, carecen de Su gozo.

Al leer el Salmo 45:7, claramente entendemos que el fundamento del gozo es la justicia: “Has amado la justicia y aborrecido la maldad; Por tanto, te ungió DIOS, el DIOS tuyo, Con óleo de alegría [o gozo] más que a tus compañeros”. DIOS le da gozo al hombre o a la mujer que le complace. Hubo un tiempo en el que David perdió el gozo del Señor. DIOS quitó Su gozo del corazón de David, cuando éste cayó en la trampa del adulterio con Betsabé, y asesinó a su esposo. Durante meses, David trató de ocultar su pecado. Su “verdor se volvió en sequedades de verano” (Salmos 32:4). Sin embargo, en el Salmo  51:12, él pidió la restauración del gozo de su salvación, lo cual DIOS le concedió abundantemente.

El gozo está basado en la justicia, pero también en la aflicción.

La aflicción esculpe en nuestro ser una capacidad más profunda de contener el gozo de DIOS. El gozo es desarrollado en nuestra vida a través del contraste: el contraste de la aflicción. En Isaías 61:3, el Señor dice que Él dará a los afligidos de Sion “gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto”. Por lo tanto, vemos que el gozo está asociado con la aflicción. ¿Cómo es posible? ¿Cómo podemos regocijarnos en la aflicción, si es imposible en lo natural? En la Palabra de DIOS, el gozo está intrínsecamente ligado a la aflicción y al lamento.

El gozo del Señor es perfeccionado en la aflicción. Tenemos que experimentar profundos dolores en nuestro corazón, antes de que el gozo del Señor pueda ser perfeccionado en nuestra vida. Hasta cierto punto, podemos ver esta verdad en la especie que representa al gozo: la alheña. Las hojas de alheña son secadas (lo que representa el proceso de sequedad en el espíritu humano) y luego son molidas y pulverizadas. Una vez que las hojas han pasado por este proceso, son usadas para embellecer el cabello.
Esto es lo que acabamos de leer en Isaías 61:3. DIOS nos va a dar gloria en vez de ceniza y óleo de gozo en lugar de luto. Aun cuando estemos pasando por tiempos de intensa aflicción, el gozo del Señor puede perfeccionarse en nuestro interior.
Nehemías 8:10 dice: “El gozo de Jehová es vuestra fuerza”.
El gozo nos sostiene en momentos de dificultad y cuando estamos cansados y fatigados.
El verdadero gozo no puede ser manifestado, a menos que sea originado a través de la tristeza. En Filipenses 4:4, Pablo dijo: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez os dijo: ¡Regocijaos!” ¿Dónde estaba el apóstol Pablo cuando escribió esto? En una oscura celda de la prisión romana, encadenado a un soldado romano.

En Mateo 5:10-12, el Señor JESÚS nos dice que nos regocijemos en la persecución y Romanos 5:2 nos dice que nos regocijemos en la esperanza. En realidad, debemos regocijarnos en todo tiempo. Así que en cualquier situación en la que nos encontremos, debemos regocijarnos. Debemos ser un pueblo que se regocija.
Recuerden, el gozo del Señor es perfeccionado en nosotros a medida que nos regocijamos.

 

3.PAZ
El tercer fruto del Espíritu es la paz. Este fruto es representado por el nardo. El nardo es un ungüento muy costoso. Virtualmente, sólo se puede obtener de un lugar en el mundo y es en el Himalaya, en la India. Aún hoy, el Himalaya no es muy accesible. Primero que todo, llegar allí es un viaje largo y duro. Una vez allí, se requiere de gran resistencia para escalar las montañas. Pero este es el lugar donde el preciado nardo es encontrado.

Ahora, ¿puede imaginarse cuán costoso era este ungüento en el Medio Oriente, durante los tiempos bíblicos? Tenía que ser transportado desde las montañas del Himalaya, en la India, y no había transporte aéreo en esos días. De hecho, para preservar el nardo, éste tenía que ser guardado en una caja de alabastro. El precio del nardo era extraordinario.
¿Recuerdan lo que dijo Judas cuando María derramó sobre JESÚS, la libra de ungüento de nardo? Él dijo que ese nardo valía trescientos denarios (vea Juan 12:4-5). Trescientos denarios era una suma extraordinaria de dinero en esa época. En aquellos días, un centavo por día era el salario promedio de un trabajador.
Por esto, trescientos denarios equivalían más o menos a un año de salarios. ¿Se da cuenta cuán costoso era el nardo?

Después de todo, la paz es una de las bendiciones más deseadas en todo el mundo y tal vez más preciada sobre todas las demás cosas. Todos quieren paz. Sin embargo, la verdadera paz sólo proviene de DIOS. El Señor JESUCRISTO dijo a Sus discípulos: “La paz os dejo, mi paz os doy” (Juan14:27). El mundo busca paz en cosas que son externas, pero en la realidad, ¿cuántas personas tienen verdadera paz dentro de su corazón?

Tanto en hebreo como en griego, paz significa “entereza” y “plenitud de vida”. También significa salud corporal y larga vida. En realidad, tener paz significa estar en armonía y unidad con nosotros mismos, con DIOS y con nuestro prójimo. Es maravilloso tener la paz de DIOS dentro de nuestro corazón.

¿Cuál es el camino hacia la paz? Isaías 26:3 declara: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”. A medida que nuestra confianza en DIOS se profundiza, así también se profundiza Su paz en nosotros. Si aprendemos a enfocarnos de todo corazón en DIOS, en lugar de enfocarnos en nuestros problemas, la paz de DIOS va aumentar en nuestro corazón.
Isaías 26:12 dice: “Jehová, tú nos darás paz, porque también hiciste en nosotros todas nuestras obras”.

Cuando permitimos que DIOS obre en nosotros, Él nos da paz. El apóstol Pablo establece en Filipenses 2:13: “Porque DIOS es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”. Nosotros nos convertimos en recipientes de la paz de DIOS a medida que nos rendimos a Él y le permitimos obrar en nuestra vida aquellas cosas que son agradables a Su vista.
La paz se aleja de nosotros cuando nuestra voluntad está en conflicto con la voluntad de DIOS. Cuando podemos decidir hacer la voluntad del Señor, la paz crece y madura dentro de nosotros, hasta el punto en que la paz envuelve nuestro corazón y nuestra mente.

Los frutos del Espíritu son desarrollados a través de sus opuestos. La paz es desarrollada, y llega a su plenitud, al pasar por tiempos de confusión. Uno de los más bellos relatos e ilustraciones acerca de la paz, lo encontramos en Cantar de los Cantares.
Al hacer referencia a la Esposa de CRISTO, vemos una hermosa descripción en Cantares 7:4: “Tus ojos, como los estanques de Hesbón junto a la puerta de Bat-Rabim”. Bat-Rabim significa “ciudad de conflicto o confusión”.

Esta ciudad estaba llena de gritos, confusión, conflicto y argumentos, al igual que cualquier gran ciudad de hoy, pero muy cerca de las puertas de la ciudad estaban los estanques de Hesbón. Estos bellos estanques, cavados por Salomón, eran muy profundos y sus aguas extremadamente calmas. La Esposa de CRISTO es así: ella manifiesta la paz del Señor. Los ojos son las puertas del alma. Si tenemos la paz de DIOS en nuestro corazón y mente, entonces ésta será reflejada en nuestros ojos. De esta forma, seremos el vivo retrato de la paz.

El Señor les dijo a Sus discípulos: “Y al entrar en la casa, saludadla. Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella” (Mt. 10:12-13). Debemos permitir que la paz de DIOS que mora dentro de nosotros, fluya de nosotros y rodee el hogar al que entramos. Después de todo, sólo podemos dar a otros lo que tenemos. Si estamos en conflicto y tormento con otros o con nosotros mismos, eso es lo que vamos a impartir. Por otro lado, si tenemos la paz de DIOS en nuestro corazón y mente, entonces podemos permitir que nuestra paz venga sobre cualquier situación, especialmente donde hay confusión y frustración.

Romanos 16:20 dice: “Y el DIOS de Paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies”. ¿Cómo calmó JESÚS la tormenta?
Él la calmó diciendo: “Calla, enmudece”. La paz de DIOS que está dentro de nosotros puede calmar todas las actividades de Satanás, quien nunca tiene paz, ni siquiera un segundo, La paz entonces es adicionalmente un arma que DIOS nos entrega y desarrolla en nosotros. Permitamos que DIOS desarrolle este hermoso fruto del Espíritu en nuestra vida.

 

4. PACIENCIA (LONGANIMIDAD)
Longanimidad literalmente significa “sufrir por un tiempo muy largo”. Debemos entender más específicamente lo que longanimidad significa en griego. Longanimidad se refiere más a personas que a situaciones. Hay una diferencia entre paciencia y longanimidad. Paciencia significa “soportar pruebas y circunstancias”. En contraste, longanimidad significa “tolerar a las personas por un tiempo muy, muy largo”.
La planta que representa a la longanimidad es el azafrán. El polvo de azafrán es usado en perfumes y medicinas. ¿Saben que se requiere el estigma de aproximadamente cuatro mil flores para reunir una onza de polvo de azafrán? Por lo tanto, también podemos ver que es muy costoso. La longanimidad es un fruto por el cual tenemos que pagar un precio muy alto.
La longanimidad habla de la aceptación santa de los sufrimientos que las personas traen a nuestra vida. Es un fruto esencial. De hecho, éste es uno de los atributos de Dios que el Señor mencionó a Moisés cuando lo encontró en el monte. Leemos en Éxodo 34:6: “Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: ¡Jehová! ¡Jehová! Fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira [longánime], y grande en misericordia y verdad”. David dijo en el Salmo 86:15: “Mas tú, Señor, Dios misericordioso y clemente, Lento para la ira [longánime], y grande en misericordia y verdad”.


Este es un fruto que fue desarrollado a un nivel muy alto en la vida del apóstol Pablo. El mismo Pablo testificó que Dios lo había hecho un ejemplo de longanimidad, para que de esa manera, fuese una fuente de ánimo para aquellos que le seguían.
“Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia [longanimidad], para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna” (1 Ti. 1:16).
Antes de que Pablo aceptara al Señor Jesús como su Salvador personal, él era un terrible perseguidor de la Iglesia. Él azotó, persiguió y encarceló a muchos cristianos, inclusive fue responsable de la muerte de varios. Sin embargo, por causa de esto, cuando Pablo dio su corazón al Señor, se sintió en deuda con Él, por todo lo que había hecho. Este dolor por causa de su pecado produjo dentro de Pablo una habilidad extraordinaria para soportar sufrimiento por un tiempo muy prolongado. ¡Y en verdad, cuánto sufrió! La vida de Pablo es un ejemplo para todos nosotros de cómo debemos soportar el sufrimiento por el nombre y el evangelio de Cristo.


La longanimidad es paciencia y resistencia que lo conquista todo, con respecto a las personas, esto es porque la longanimidad conquista el espíritu de una persona. Me gustaría ilustrar esto en Proverbios 25:15: “Con larga paciencia se aplaca el príncipe”.
El príncipe de una mujer es su esposo, pero algunas veces su esposo no está en lo correcto. Siendo hombres, nos gustaría creer que los esposos siempre tenemos la razón, pero el hecho es que no siempre la tenemos. Entonces, ¿cómo puede una mujer persuadir a su esposo? Seguramente no es a través de estarle predicando, señalándolo o regañándolo constantemente. A través del profeta Oseas, Dios dice: “Entre tanto, mi pueblo está adherido a la rebelión contra mí; aunque me llaman elAltísimo, ninguno absolutamente me quiere enaltecer” (Os. 11:7). Luego dijo en Oseas 11:8-9: “¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma… como a Zeboim? [dos pequeñas ciudades destruidas junto con Sodoma y Gomorra]Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión. No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no hombre”.


Nosotros hubiéramos perdido la esperanza con Efraín y con el rey Manasés, pero Dios no lo hizo. Necesitamos el fruto de la longanimidad obrado en nuestra vida, porque es la longanimidad la que causa que las personas se arrepientan y vuelvan a la senda de Dios. La longanimidad es un fruto muy costoso. Hay un precio muy alto que pagar para tener este fruto desarrollado en nuestra vida. Sin embargo, este es el fruto que eventualmente gana a las personas para el Señor.

 

5. BENIGNIDAD
El quinto fruto del Espíritu es la benignidad. La palabra griega para benignidad es “chrestotes” y significa ser fácil y dulce. Los antiguos griegos usaban esta palabra para referirse al buen vino dulce que bajaba fácilmente por la garganta. Cristo dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar... porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. En este pasaje, Él usó la raíz de la palabra benignidad, que es “chrestos”, para la palabra fácil (vea Mt. 11:28-30).
Por esto, la benignidad habla de un Espíritu que produce dulzura.
La benignidad en nuestra vida hace que las personas se sientan a gusto cuando están con nosotros. Así es como nos sentimos cuando entramos en la presencia del Señor, porque Él es la benignidad en persona.

La benignidad frecuentemente se traduce como “misericordia”. El complemento de la palabra hebrea para la palabra griega “chrestotes” es la palabra “checed”. Ésta se traduce como “bondad” y “misericordia”. Este es uno de los significados de benignidad. La misericordia de Dios (o benignidad) es tan maravillosa. David le dijo al Señor: “mejor es tu misericordia que la vida” (Sal. 63:3). Entonces surge la pregunta: ¿quién puede recibir de la misericordia de Dios? La clave la encontramos en el Salmo 107: 42-43: “Véanlo los rectos, y alégrense, Y todos los malos cierren su boca. ¿Quién es sabio y guardará estas cosas, Y entenderá las misericordias de Jehová?” Aquellos que son rectos y sabios recibirán la misericordia de Dios y también será trabajada en su carácter. De una manera muy real, todos los frutos del Espíritu dependen de la justicia. Los frutos del Espíritu Santo no pueden ser desarrollados en la vida de alguien que está caminando en injusticia.

La benignidad también conlleva el pensamiento de dulzura.
Este precioso fruto significa “ser dulce con todos”. Tenemos una bella ilustración de esto en la parábola de Jotam, la primera
parábola en la Palabra de Dios, en Jueces 9:7-15. En esta parábola, Jotam está hablando acerca de ciertos árboles. En los versículos 10-11, él está hablando de la higuera. En el
versículo 11 le da el atributo de dulzura a la higuera Debemos entender que hay una gran diferencia entre satisfacer las necesidades de las personas y satisfacer sus necesidades
de una manera agradable y dulce. El espíritu con el que hacemos las cosas es muy importante. Por ejemplo, cuando usted va a un restaurante, algunas meseras pueden ser muy groseras, ellas “tiran” la comida sobre la mesa y se retiran rápidamente. Sí, ellas le llevaron lo que usted ordenó, pero usted no está contento por la manera en que fue servido. De la misma forma, no sólo debemos hacer lo que el Señor requiere de nosotros, sino que debemos hacerlo con una actitud amable y dulce.

 

6. BONDAD
La bondad es el sexto fruto del Espíritu. Cuando en la Escritura una persona es llamada buena, se refiere a que es buena. La definición bíblica de la bondad de Dios es “ser incapaz de hacer cualquier cosa mala”. La bondad es una de las virtudes claves de la Deidad, como le fue revelado a Moisés cuando el Señor pasó frente a él y proclamó: “El Señor [es] abundante en benignidad” (Éx. 34:6 RV 1909).
Cuando Moisés clamó al Señor en Éxodo 33:18: “Te ruego que me muestres tu gloria”, Él respondió: “Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro”. Por esto, la gloria de Dios es claramente sinónima con la bondad de Dios. La bondad es una parte intrínseca del carácter del Señor. Eso es lo que el Señor es. Él es bueno. No hay nada malo en Él, porque Él es incapaz de hacer algo malo. Esto es lo que Él desea impartir a nuestras vidas.
La bondad es la gloria de Dios. En realidad, la gloria de Dios es Su propio carácter. En Hebreos 1:3, el apóstol Pablo estableció que Cristo es el resplandor de la gloria del Padre.

La palabra resplandor significa la verdadera refulgencia o fuente de gloria. En otras palabras, Dios es la verdadera fuente de bondad y gloria. La bondad emana de Él, así como la gloria y la luz.
Algo que debemos comprender y retener son las diferencias marcadas entre la bondad y la benignidad (o misericordia). La benignidad es ser amable y dulce con las personas, en comparación con la bondad, que es hacer lo que es mejor para ellas, incluyendo disciplina y reprensión si es necesario. La bondad de Dios está relacionada con Su santidad. La bondad es lo que lo separa a Él de toda maldad. Por esto, hay una diferencia clara entre la benignidad y la bondad.
Lucas 7:36-50 es un registro de la misericordia y ternura de Jesús con la mujer pecadora que lo ungió, mientras Él se encontraba en la casa de Simón. En total contraste con esto, vemos en Mateo 23:17 que el Señor denunció a los fariseos por su iniquidad; y en Mateo 21:12, cuando Él volcó las mesas de los cambistas y los echó fuera del templo. Estos dos hechos, en el Evangelio de Mateo, fueron actos de bondad y santidad. Lo que los fariseos y los cambistas hacían no era correcto y la bondad trató con ellos.

 

7. FE (FIDELIDAD)
El séptimo fruto del Espíritu es la fidelidad. La versión Reina Valera lo traduce como “fe”. Estas dos palabras están intrínsecamente ligadas. La fidelidad es un producto de la fe; y la fe es confiar y creer en la fidelidad de Dios.
Este fruto del Espíritu es en realidad uno de los calificativos del Señor Jesucristo. En Apocalipsis 19:11, Él es llamado Fiel y Verdadero: “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea”. Este título revela el carácter del Señor. Hebreos 2:17 dice: “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo”. Jesús es el Sumo Sacerdote misericordioso y fiel. Él es fiel al ministerio que su Padre le ha dado.
Fidelidad significa ser fiel para terminar la misión que Dios nos ha encomendado. Significa que somos veraces a nuestras palabras y promesas, discretos, dignos de confianza y estables. Alguien que es fiel es uno con quien se puede contar, porque se sabe que siempre hace lo que se le pide. Cualquiera que ha estado en la posición de dar órdenes a otras personas, sabe el tesoro de valor incalculable que es tener a alguien en quien siempre se puede confiar, sabiendo que terminará el trabajo que se le encomendó. Es una gran bendición saber que esta persona va a trabajar arduamente estando usted presente, o cuando no lo está. Esta es la descripción de una mujer u hombre que es fiel.

Apocalipsis 17:14 dice: “Y los que están con él [el Cordero] son llamados y elegidos y [hallados] fieles”. Aquellos que están más cerca del Cordero son los que han sido llamados, escogidos y han sido hallados fieles.

Primero, somos llamados de las tinieblas a Su luz admirable cuando aceptamos a Cristo como nuestro Salvador (1 P. 2:9). Segundo, ser llamados por el Señor se refiere a recibir un llamado para un ministerio o misión específica. Es maravilloso recibir un llamado de Dios; sin embargo, Jesús mismo dijo que “muchos son llamados, y pocos escogidos” (Mt. 22:14). Por esto, ser llamado no es suficiente. Recibir un llamado no significa que hemos llegado a la meta; es solamente el principio.
Entre ser llamado y ser escogido hay un tiempo de preparación. Muchos pueden ser seleccionados para el entrenamiento, pero en realidad pocos califican durante el mismo. Muchos comienzan, pero pocos continúan para ser escogidos para el ministerio.
Después que somos llamados, entonces comenzamos un proceso de selección. En Isaías 48:10 el Señor dice: “He aquí te he
purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción”. El Señor nos escoge por nuestro servicio en tiempo de prueba y tribulación. Lamentablemente, la mayoría del pueblo de Dios se rinde al llegar a este punto. Ellos hacen su propio camino para salir de sus tribulaciones y rechazan este proceso de purificación del Señor (ver Is. 50:10-11). Como resultado, nunca son escogidos por Él. Una vez que hemos sido escogidos por Dios y puestos en el ministerio que Él tiene para nosotros, debemos ser fieles. Este es un lugar que muy pocos alcanzan. Es muy difícil encontrar hombres y mujeres fieles.


La fidelidad es una de las cualidades principales para el ministerio y liderazgo. Dios removió a Elí de la posición de sumo sacerdote porque no fue fiel en ejecutar los juicios de Dios sobre el pecado, en especial en la vida de sus propios hijos. El Señor dice en 1 Samuel 2:35: “Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y ami alma”. Este sacerdote fiel fue Samuel. Elí fue reprobadoy removido debido a su infidelidad y Samuel fue promovido por su fidelidad.

 

8. MANSEDUMBRE
El octavo fruto del Espíritu es la mansedumbre. La mansedumbre es una obra enlazada de la gracia de Dios. Este fruto nos hace agradables al Señor, pues es muy preciado a Sus ojos. Pedro nos dice que “un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1 P. 3:4). La mansedumbre es fuerza controlada. Es quizás la virtud que mejor personifica a la fuerza.
Este fruto del Espíritu es en realidad gran fuerza y control de nuestro espíritu, para que no respondamos o reaccionemos cuando las personas se nos oponen o persiguen. La mansedumbre es la fortaleza de carácter que no se venga o defiende a sí misma.
Nos permite ver todo como proveniente de la mano del Señor.
Jesús es el hombre más manso que jamás ha vivido y Él también es el hombre más fuerte que ha vivido.
Este fruto está contenido en esencia en Romanos 8:28, donde Pablo dice: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todaslas cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a supropósito son llamados”. Aquellos que poseen esta preciosa virtud tienen sus ojos completamente fijados en el Señor y aceptan cualquier cosa que Él traiga a su vida. La mansedumbre puede ser definida como “la aceptación santa, con gozo, de toda circunstancia personal”.

La palabra griega traducida mansedumbre expresa la idea de un animal que ha sido amansado. Por ejemplo, cuando un potro es joven, éste corre por todos lados sin ninguna restricción o impedimento. Es hermoso ver a los potros correr así, de manera tan libre. Sin embargo, a medida que este caballo crece, si va a ser de alguna utilidad, su espíritu y voluntad deben ser quebrantados para que reconozca a su nuevo dueño y obedezca el más mínimo movimiento de las riendas en sus manos.
Hay una hermosa ilustración de la mansedumbre en el Cantar de los Cantares, cuando el Señor le dice a su Esposa: “A yegua de los carros de Faraón Te he comparado, amiga mía” (Cnt. 1:9). En los días del rey Salomón y en el tiempo en que fue escrito el Cantar de los Cantares, los mejores caballos del mundo venían de Egipto y obviamente los mejores de estos eran usados para los carros del Faraón. El pensamiento aquí expresado es el de una compañía de caballos inmóviles, esperando la orden de su señor.

La mansedumbre es una de las principales virtudes del Señor Jesucristo. Él testificó en Mateo 11:29 que Él era “manso y humilde de corazón”. Esta es la cualidad por la que el Señor quiere ser conocido. Después de esta experiencia, me di cuenta que yo tenía otra inclinación en mi vida que Él quería circuncidar para poder reemplazarla con Su mansedumbreLa especie paralela a la mansedumbre es la mirra. La mirra era la sustancia con la que se embalsamaba a los muertos en los tiempos bíblicos. Por esto, la mirra representa la muerte. Esto también se aplica a la mansedumbre, pues la mansedumbre es una separación completa de nuestro ser y de nuestros sentimientos personales. Una persona verdaderamente mansa no se ocupa de sí mismo, ni exige que sus derechos sean vindicados. Cuando tenemos mansedumbre vemos todo desde el punto de vista de Dios. Esto nos capacita para sobreponernos de las injusticias y ofensas.

 

9. TEMPLANZA
El noveno fruto del Espíritu es la templanza. La templanza en el griego original significa tener dominio sobre nuestros deseos y sobre el amor a los placeres. Esto se aplica a cada área de nuestra vida, no solamente al licor y a la comida. Por esta razón, sin la templanza no triunfaremos en la vida cristiana. Este fruto también puede ser traducido como “dominio propio”
o “controlado por el Espíritu”. Quiero enfatizar que la templanza es un fruto del Espíritu. No es algo que podamos producir por nuestro propio esfuerzo. Muchas personas practican formas de negación que son muy dolorosas y dañinas para el cuerpo humano. Esto jamás debe ser confundido con el fruto de la templanza.

Siempre debemos tener control sobre todo en nuestra vida y no ser esclavizados por nada. En 1 Corintios 7:9, Pablo habla de tener control sobre nuestros deseos sexuales: “Pero si no tienen don de continencia [o control de sí mismo], cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando”. En 1 Corintios 9:25, Pablo usa la misma palabra griega para “contenerse” que para “templanza”. Esta es un área en la que debemos tener un absoluto dominio propio.

La falta de templanza moral puede resultar en la destrucción eterna de alguien.
También debemos controlar nuestra lengua. Santiago 3:2 dice:
“Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar [controlar] todo el cuerpo”. La lengua es el miembro más difícil de domar y controlar. Las palabras que hablamos vienen de lo profundo de nuestro corazón (vea Mt. 12:34). Si queremos conocer qué clase de personas somos, escuchémonos hablar por un momento. Esto revelará nuestra condición espiritual.
La perfección involucra el tener nuestra lengua sujeta al Espíritu de Dios. Oremos como David, y digamos: “Ponguarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mislabios” (Sal. 141:3). Necesitamos tener dominio propio sobre nuestro cuerpo, mente, emociones, lengua y espíritu.

 

¿Qué clase de olor estás proporcionando a DIOS y alos demás? ¿Estás mostrando evidencia del trabajo de DIOS en tí a través del desarrollo de cada una de las expresiones del fruto del ESPIRITU SANTO?

Es por el fruto (y no por los dones) del ESPÍRITU SANTO que se conoce quien es quien.


 
QUE SEA DIOS QUIEN SIEMPRE NOS GUIE Y NOS EDIFIQUE EN SU VERDAD Y EN SU AMOR.

 

Dios te bendiga,

 

Jenny y Hugo G.
Bajo la Cobertura de JESUCRISTO a través de los Pastores Alvaro Forero y Ana Lilia Pérez.
ICC JESUCRISTO REY DE REYES
Bogotá - Colombia

Bibliografía:
- BIBLIA Reina Valera 1960
* El Espíritu Santo. J. Bailey

(Le invitamos a orar, clamar e interceder por ESTADOS UNIDOS, PUERTO RICO y las américas. 2 Crónicas 7:14)


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